Hace poco me tocó escribir sobre los tabúes y quise compratir aquí un pedacito de "aquello".....advierto que es largo....aquí les va:
Los tabús delimitan nuestra existencia. Cuando somos chicos hay lugares que no debemos frecuentar, canales y programas que no debemos escuchar o ver y amigos que no nos conviene tener. Cuando adolescemos nuestros padres insisten en que no es bueno que andemos por ahí de noche, menos si somos mujeres; que no tomemos, fumemos y sobre todo que no ingiramos sustancias.
Siempre se nos han prohibido un montón de cosas, es por eso que no solemos admitir que las hacemos o hemos hecho. Pocos padres saben realmente de nuestras andanzas: como a qué edad perdimos nuestra virginidad ni donde, por ejemplo ni cuántas veces nos escapamos de clases en el colegio…menos aún lo que hacíamos cuando eso ocurría.
Es la sanción social y el temor a ella lo que nos lleva a respetar los tabúes o a no asumir y menos publicar, cuando los transgredimos.
Hay muchas cosas que hacemos sabiendo que constituyen tabúes de la salud, como ingerir grandes dosis de alcohol, azúcar, sal, carbohidratos, fumar y hacer casi nada de deporte, por no decir que pasamos el mayor tiempo posible sentaditos sin hacer mucho esfuerzo.
Los tabús más fáciles de identificar en nuestra vida cotidiana, son no insultar a los padres (en su cara) ni a otras personas mayores sean o no de nuestra familia, andar pilucho por la calle te puede merecer una multa o incluso una detención y lo mismo pasa si te metes en pelotas al agua en la playa aunque sea de noche; es muy mal visto tirarse peos en presencia de otras personas y nos da una vergüenza enorme si tapamos el baño estando de visita en otra casa. ¿Para qué vamos a asumir nuestras mañas estúpidas con la comida si podemos inventar que le somos alérgicos?
Le tenemos vergüenza al cuerpo. Nos preocupamos de arreglarlo, cuidarlo, taparlo o esconderlo de acuerdo a las falencias que en él identificamos. No nos gusta que se nos hable a través de la puerta del baño y muchas personas cuando van a la playa se quedan tiesas sobre la toalla todo el día para que no se noten esos kilitos de más, la colosal espinilla en la espalda o entierran los pies en la arena para no evidenciar que no se cortan hace semanas las uñas de los pies y que ya se les pusieron amarillas. Muy rara vez le diremos a alguien que se le asoma un moco horrible por la nariz y las mujeres muy difícilmente le comentaremos a un hombre que no sea de muchísima confianza que estamos menstruando sin utilizar eufemismos ni sentir un poco de vergüenza.
Hombres y mujeres, aunque quizás no todos, sentimos una ansiedad enorme luego de cortarnos el pelo. Ojalá que no nos pase lo mismo que a Chascoberto: si a nuestros amigos no les gusta el corte muy probablemente debamos usar sombrero algunos días para evitar las burlas y esperar que vuelva a crecer.
Quizás hasta podríamos decir que los pokemones son la expresión máxima de lo que ahora sostengo: quitémosle sus tinturas, aros, piercings, pinches, pulseras, poleras mamonas y pantalones apretados. Se mueren. No son nada si los dejamos con el cuerpo tal cual lo tienen.
Como decía, nos da una vergüenza enorme nuestro cuerpo, hablo de la generalidad, si usted es de los que ha posado haciendo cara pálida para una foto no se sienta aludido, aunque la transgresión de los tabúes y la rebeldía son también una forma de reafirmarlos, ¿o me van a decir que cuando uno transgrede no se ríe nerviosamente, suda un poco más que de costumbre o se le paran los pelos? Se siente bacán ser irreverente.
Pensemos un poco: en nuestra sociedad ha sido vetada siempre la exposición de nuestras “presas”. Años atrás mucho más que ahora, si no, es cosa de ir al kiosko de la esquina no más y ver las portadas de algunos diarios y revistas. Pero me parece una lata hablar de cómo nos hemos ido haciendo los liberales a través de los años. Los chilenos del siglo XXI nos creemos que somos la última chupá del mate, nos hacemos los choros asumiendo libremente nuestra sexualidad y contándole a nuestros amigos qué hacemos o hemos hecho con nuestras parejas. Para mí que son caretas, como sociedad seguimos castigando a través de la burla y divulgación la sexualidad asumida de nuestros profesores, políticos, vecinos tiradores, padres de amigos, etc.
Digamos que hablamos con semi libertad de los temas que queremos pero nos molesta, incomoda o produce risa cuando distinguimos a otras personas que no conocemos bien y que también lo hacen. ¿Quién no se ha reído o hecho caritas en un concierto, pub, discotheke u otro lugar cuando constata que una pareja cercana se come a calugasos y se sobajea simulando estar en la privacidad de un motel? Molesta, pero también causa curiosad.
Dejemos eso ahí por mientras.
Los tabúes están determinados por el momento histórico, por la cultura que los crea y por el grupo humano que los sostiene. Y todo grupo los tiene en menor o mayor medida, en los teatros no se puede decir culebra, a las prácticas del football no pueden asistir mujeres.
(...)
tenemos claro que una abuelita tipo a mi edad (21), no usaba escote, no decía los garabatos que ocupamos nosotros ni podía estar después de las 7 de la tarde en un lugar que no fuera su casa sin la compañía de su padre o de algún hermano chaperón. Ejemplos relacionados con la masculinidad no mencionaré porque no se me ocurre ninguno, aunque me imagino que ahora pueden ir a más lugares sin terno ni corbata. Ustedes siempre han dicho las palabrotas que han querido, agarrado los potos y mirado con cara de papa frita a cuanta mujer que se les pasa por el lado y andado por ahí a la hora que se les ha dado la gana hacerlo.
En realidad, en nuestra sociedad, somos las mujeres las que más nos hemos destapado: las mujeres y los maricones. Nos cansamos de hacer lo que los hombres (masculinos, machos, recios y fuertes, hediondos a testosterona) nos habían convencido que era lo adecuado hacer, decir y pensar. Ha sido difícil, pero de a poco nos vamos acercando a la equidad de géneros.
Dejemos también esto aquí por mientras, que las feministas y los grupos de reivindicación sexual me tienen un poco mareada.
(...)
Quiero dar vuelta la tortilla (no hablar de lesbianas si es que eso habían pensado).Quiero hablar del sitio donde los tabúes se destabuizan por un momento.
El circo es el teatro de las rarezas humanas. El lugar donde confluyen los cuerpos tabuizados: aquellos que nunca salieron en la foto familiar. La mujer con barba, el enano, el hombre alfombra y la chica de goma, como números centrales. El cojo potón que los presenta y el jorobado que hace entrar a los animales mientras un desproporcionado musculoso, indudablemente fisicoculturista o gay, mete la cabeza adentro de la boca del león, como si fuera algo muy interesante o entretenido. Todo decorado con celofanes, papelitos de colores, dorado, y también plateado. Entre el piso de aserrín y los párpados ultra estucados de escarcha metálica y esas mallas de lentejuelas que parecen sacadas de una ropa americana que jamás nos pondríamos pero que nos deleitan al imaginarnos cómo se verían en nuestros conocidos o incluso en nosotros mismos.
El circo reúne todo lo que no queremos ser, a no ser de que queramos ser freacks aplaudidos en vez de invisibilizados, ridiculizados y maltratados. Y nos encanta ir a ver, al menos cuando somos chicos todo eso que sabemos que no queremos ser en la vida: ni deformes ni chabacanos. Nos fascinamos con los colores, las formas, los animales que sólo salen en las películas de Tarzán o Indiana Jones y con todo eso satisfacemos nuestro morbo al menos hasta que llegue el próximo circo.
En la vida cotidiana, en la calle, en el hospital, en la casa, se nos pide que mantengamos la compostura, en el circo lo que hacen es absolutamente lo contrario, y eso es lo bacán. No me voy a olvidar nunca del mejor show de circo de mi vida cuando tenía como 6 años: Había un elefante, cuya gracia era que bailaba y que movía unas pelotas y hacía otras cosas de ese tipo. Aunque nada de eso nos sorprendía más, a mis primos, hermano y a mi, que el increíble hecho de tener un elefante frente a nosotros. Con eso estábamos pagados… o creímos estarlo hasta el momento en que la elefanta Frida, porque así se llamaba, levantó la cola y un payaso salió corriendo para volver con una carretilla. Frida estaba en pleno proceso digestivo y nosotros a punto de morirnos de la impresión. Había un ser vaciando sus intestinos en público y eso no era todo: cada uno de sus mojones eran del porte de una pelota de football y además hizo como 5 o 6 de esos llenando la carretilla en breve. ALUCINAMOS. No cabíamos en nosotros mismos de lo contentos que estábamos.
Es que observar cómo otros transgreden los tabúes es inmensamente emocionante =o)
(Sigue, pero quería contarles sólo hasta lo de la elefanta)
saludos!